La tarea...

La gente grita que quiere un futuro mejor, pero el futuro es un vacío indiferente, mientras que el pasado está lleno de vida.

Su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo.

Todos quieren hacer de la memoria un laboratorio para retocar las fotografías y rescribir las biografías y la historia.

¿CUAL ES EL NÚMERO DEL ALMA DE UNA MUJER?

Milos se dirige cada martes, desde hace dos meses, a la casa de su terapeuta que vive en una decrépita y apacible casona de los años 20. Su estudio está adornado con plumas, demasiado rosado, , recuerdos de viajes a países de mucha artesanía y demasiados gatos. Tal vez trece. Más parece una oficina de activista ecológico o promotor del heavy metal que la de una terapeuta anunciado por ese cartel esmaltado a un costado de la puerta principal: “Terapeutista”. Y la terapeuta se maquilla mientras Milos recostado en un acolchado sillón de cuerina  habla como si estuviera solo:
- …No hay forma de caerle encima, a la Fernanda. Es… No sé... es como... Impresionante la Fernanda. Perfecta. Inalcanzable. No tengo ni una mínima posibilidad con ella... Casi nadie la tiene en realidad. Lejos, mejor que mi novia. Miel; necesito cambiar de mujer.
- ¿De nuevo Milos? ¿No te gusta la cara de tu novia, Sofía? La cambias. ¿Otro color de ojos? El que quieras ¿Mucha costilla? Chao costilla ¿Mucha nariz? Chao nariz ¿Piernas gordas? Nunca más. ¿Abdomen? Liposucción. Que sea armable. Broncéala. Pero no la cambies.
- Miel; ella está dispuesta. Me parece obvio que si una mujer está dispuesta a modificar su aspecto no es precisamente por uno, sino para competir mejor ante su género. Cuando se casan se acaba la competencia. Pero no con la Fernanda...  Con ella no.   Sofía no podría competir con ella. Nadie puede competir con ella.
- ¿Milos, por qué no inviertes en el cuerpo de tu novia? No te desgaste en ir tras la Fernanda. Perderás dinero y tiempo. Has que físicamente tu novia se parezca a la Fernanda.
- No Miel.   No es eso;   más que las pechugas o el abdomen, quisiera cambiarle la personalidad. Estoy cansado de alegatos, de voracidades y de asfixias. Quiero aire. Estoy lleno de brujas.   La mamá,   la mujer,  las hijas,   primas y compañeras. Incluso mis primeras amantes, regresan y me acosan con llamadas y mensajes de salvajes coitos incumplidos.  Son todas cortadas por la misma tijera.  Son quejumbrosas o agresivas. Me atosigan.
Has esto, has lo otro. Por qué hiciste esto. Por qué no hiciste eso. Dónde vas. Dónde fuiste. Llámame. Ven ¿Por qué no me llamas? ¿Por qué me saludas como si yo fuera del montón? Creen que todo es seducción. ¿Acaso no saben lo que es la simple cortesía? Todo, absolutamente todo lo que dicen lo hacen a partir de sí mismas.
Acaríciame. Eres un pesado. Haz que me deleite. No me llames. Lindo. No me hables. Ándate. No me conoces. Regresa ¡Qué tierno! ¿Sabes cuanto estoy pesando? No te escucho. Así no quiero ¿Cómo me veo? Estoy gorda. Sólo quiero verte, quédate. Así sí   ¿Por qué me haces eso?   Quieren apoderarse de uno, Miel. Te respeto. Comparto tu opinión. No comparto tu opinión. No eres tú, soy yo.    
En fin,... no; ...no quiero seguir.
- ¿Tú crees que Sofía es todo eso? La Fernanda no es distinta de tu novia. Ni siquiera distinta de otras novias. Las mujeres solemos ser vanalizadas en lo profesional,    en lo intelectual y en lo sexual;  por eso somos inseguras. No tenemos el privilegio del poder. ¡El privilegio del poder, Milos! Hay una suerte de poder fálico establecido, que invade todo. Si el ser masculino fuera un planeta, no hay duda que su pene sería el sol. De esta manera, al compararnos con los varones, descubrimos que nos falta una parte. . . algo que representa nada más ni nada menos que el poder.
- ¿Me dices que la Sofía y la Fernanda son lo mismo? Tú estás loca. ¿Y que sólo voy tras la vagina? Miel, por favor ¿Y que lo mismo me ocurre con Rosario, con Gloria, con Matilde?

-  Sí. Desde pequeños los machos tienen una cercanía amistosa y regalona con su miembro, a diferencia de nosotras las mujeres cuyas vaginas en la práctica no existen. (Qué bien huele este hombre; hay algo de sobaco y de pendejo pomelo, un poco de cannabis y briznas de pino mordido en sus bolsillos).
¿En qué piensas? (Hay en él algo de un Marlon Brando perfumado a tabaco, más que del Sabina hediondo a cigarros baratos y trasnoche).

- No sé si casarme con la Sofía que amo.
- Sueño con la Fernanda. No puedo negarme a Rosario. Y Gloria me llama cada vez que puede pero nunca le doy pasada. Y a Matilde sólo quiero que nada le pase, me siento responsable de su vida, de su hijo, de su felicidad. Quiero que sea amada como corresponde. ¿Por qué me importa? ...  “me gusta todo de ti; pero tú no,... tú no,… tú no,... Es bella hasta el delirio.   Desde su aplomado cuerpo hasta sus aromas recónditos.   Inteligente como ninguna.   Dulce cómplice de secretos inconfesables que su risa sonora y franca hace olvidarlos.    
La rudeza ronca de Marlen Dietrich, ...la temperatura púber de la Bardot, ...la ingenuidad de Marilyn Monroe,    la frialdad quemante de Michelle Pfeiffer,    la voluptuosidad de Catherine Zeta Jones,   está en ella.   Y la distancia insalvable de la Nicole Kindman.    O la bella diosa de la sabiduría que protege a sus guerreros; Minerva. Pienso tanto en ella.   Pero no.   ¿Por qué? Se me ocurren, pensando en ella, tantas frases llenas de lugares comunes que prefiero callarme. Sin embargo mi mejor amigo me grita en el oído. “¡Matilde!:   La energía oscura,   es el sueño voluntariamente olvidado de esa mujer extraña,   inquietante,  que deja helado y vacío a todo hombre,   pues todo hombre lleva una Matilde  más adentro aún que el corazón. Sí.   Matilde es la eterna quimera femenina de las leyendas de hadas y de los mitos de ninfas, elfos y sirenas,… chiedo scusa a Matilde, errore mio è stato chiedo perdono.  (Creo que mejor, dejo los ojos cerrados para siempre).    Tú no,… tú no… tú no...
-  Siento que debo casarme con Sofía.
- La boda constituye la ceremonia de la mitología de la clase media y marca el acceso oficial de los esposos a su estatus de clase media. Está claro: una cosa es el contrato matrimonial y otra tu deseo carnal por la Fernanda, por la Rosario, por Gloria y tu afecto por Matilde. Yo creo que tu temor al matrimonio es ser infiel...


(Y ya está bueno que aparezca el escritor que nos piensa porque no pienso sostener el dialogo sin respaldos).
Lo que pasa es que no quería interrumpir porque el dialogo de ustedes dos esta poderoso, pero bueno. Que va. Hablaré con Sofía. Tu futura esposa, Milos ¿Cómo eres Sofía?
- ¿Yo Sofía?
Nací mujercita, linda, preciosa, chiquitita, un sueño... La vida me ha llevado por todos los caminos radiantes, esos que a veces nos parecen tremendos, Allí hallamos conflictos, contradicciones, alegrías, penas, éxitos y fracasos. Nos deprimimos o nos volvemos eufóricas. Nos enamoramos, nos entregamos apasionadamente, luego nos arrepentimos... y seguimos insatisfechas, y luego nos mordemos la lengua, decimos “nunca más” y lo volvemos a hacer...Somos así… y...no entiendo a los hombres,…y…
¡Cállate Sofía!.¡No hables más!  Sofía es un fastidio. No puede ser un personaje este mejunje de hembra. Creo que Milos anda perdido y ha elegido mal.
¿Miel?
... es de rizos deslavados y es perversa. Con sus ojos pequeños cargados al rimel y con una delicada nariz con pecas, olfatea sobre los ojos cerrados de Milos y cada tanto contempla ese cuerpo tirado en el diván que emana algo a pasto recién cortado y a radicales iones reventando en las mucosas y esparciéndose por los bulbos olfatorios mismos de sus narices húmedas.   
¿Milos?
No se ve provocador; ni feo, ni guapo, ni resultón. Huele a su propia saliva. Y se comienza a apoderar de ella, como una brisa que terminará en un torbellino, un deseo de que ese aroma la penetre hasta la base del cráneo. Algo de él le atrae y le turba. Ahora, se apodera de ella un pensamiento. Sin darse cuenta ha separado sus rodillas y ha comenzado a mecerse sobre sus aventajadas nalgas mientras sigue con su exposición doctoral, cerebralmente pomposa. Es doctora y ese es su mejor escudo; a partir del cual orienta y manipula a sus pacientes. Manipula a quienes la rodean pero conmigo no. Hace mucho tiempo que estudio a Miel y de momento, lo único que he conseguido averiguar es que desde el día en que se mordió los labios delicadamente,  me conmovió.
¿Gloria?
- Eso de andar probando otra clase de bebidas que mi cuerpo no conoce,  no es nada bueno, nomás me gusta algo y a chupar se ha dicho. Tengo que controlarme, tengo que controlarme...
Ayer en la noche iba en mí plan de damita bien portada, de esas que traen su faldita muy planchadita, su cabellito en orden, oliendo rico y con las piernitas cruzadas, en una cordial velada de amigos. Quien fuera a decir que terminaría en el asiento trasero del carro de un hombre menor que yo, con la faldita levantada y en el desfogue. Mí "Legionario de Cristo" interno no logró su cometido..
Puedo culpar a mis mojitos, la menta me hace pecadora, lo malo es que no me da remordimiento. Pura gozadera. Ya lloraré cuando me haga vieja y viva de mis recuerdos
Soy una pequeña chinche, no más encuentro lo que me gusta y comienzo a succionarle la sangra, el alma y lo que se deje...que maravilloso es ser mujer.
Me obsesiona. Sobre todo cuando sueño.   Ella tiene demasiado olfato como para dejarse sorprender en una página o dejar que yo la desdoble y entre en los vericuetos de sus pensamientos. No me conoce. Aunque me sospecha en mitad de algún párrafo. Conmigo no tiene pudores. Tal vez le agrada lo que escribo o cómo me la imagino.   Cuando no estoy, recorre mis párrafos deteniéndose en alguna frase o buscando aquella palabra que la llame. Estoy seguro de que se siente sola.   Y de que a veces,   también,   hace un esfuerzo intenso y me recuerda fuera del horario de lectura.   Cuando habla en algún diálogo, creo que habla para mí.   Es cierto que no la puedo hacer callar y tiende a pensar que soy un caricaturista que se dibujará así mismo en alguna viñeta y la acompañará como personaje.   Pero no quiero perder mi identidad estando junto a ella.
- Por desgracia Milos, no tenemos conciencia del enorme poder de nuestra vagina y por ese desconocimiento no han sacado partido de ella las mujeres. La usan mal...

Su mano derecha con largas uñas ya había descendido a su entrepierna, levantado su elástica braga negra e introduciendo su dedo anular entre sus labios mayores. Y no sé cómo puede creer que escribiéndola pueda estar pensando en su vagina.
- No hay una cultura del poder entre las mujeres. Peor aún, ellas pueden ser muy triunfadoras en el ámbito laboral o profesional, pero suele ocurrir que frente a un hombre se rebajan y se someten.
- Obvio pues. Si son las que reciben. - Replicó Milos. Y un aroma sutil a miel, fruta madura y fondo de champiñón le comenzó a rozar y a vibrar en los tejidos nerviosos de sus narices. Estas comenzaron a humedecerse y a oler -  casi palpando con sus bellos erectos - la burbuja de aire perfumado que hizo salivar su boca.
- El mayor conocimiento del pene no sólo se debe al hecho de que es un órgano externo, sino también a una cuestión de orden cultural.
Miel pronunciaba estas palabras casi en susurro mientras movía circularmente su fragante dedo anular sobre las fosas nasales de Milos, como si estas fueran las abismales profundidades de su ser...
- ¿Miel?  Pareces un sacerdotiza célibe aconsejando sobre el matrimonio. Por si no lo sabes, sicóloga    ¿Quién te ha dicho a que eres experta en la sexualidad del hombre?
Miel sonríe con perversidad oscilando su dedo anular aromatizando el aire sobre la nariz de Milos, mientras su boca comienza salivar y el calor abre sus poros en las sienes y en el pecho que se enrojece como sus mejillas. Los lóbulos de sus orejas que laten, sienten el peso de los aros que se bambolean al compás de sus latidos. Su fina percepción crece al oír su propia respiración. .

- Por lo visto la Fernanda no ha insinuado abrirte su entrepierna. ¿Te imaginas con ella la penetración? Su vagina produce igual placer que la vagina de Sofía, Rosario, Gloria, Matilde.

Miel pasa sus dedos entre sus cabellos acariciándolos y los rizos caen blandamente hasta casi rozar el rostro de Milos.
- Simplemente con el roce en la penetración,  te atrapará cualquiera de ellas Milos. Cualquiera. Por lo mismo,  deberías venerar este órgano femenino universal que es igual al de Sofía. Su vagina es como un control remoto universal que te enciende y apaga.
- Estás equivocada ¿Poder de la vagina? Qué estupidez quieres que venere. Me quieres lavar el cerebro. Las vaginas es lo que siempre sobra...si no quiere una, habrá otra, siempre es así. Lo que me preocupa es lo otro. Qué hay dentro de la cabeza de Sofía, de Fernanda, de Rosario,  de Gloria y de Matilde. Y ahora  me está preocupando lo que tienes tú, Miel. Eres una sexista.  

Miel sonrie con picardía y aprovechando que Milos está con los ojos cerrados desciende una vez más su mano derecha con el viejo anillo de la desposada que usa por nostálgicos recuerdos, hacia sus muslos depilados con pulcritud que suben y bajan deshaciéndose del lazo de las bragas negras que se enreda en sus tobillos justo en el broche de su zapato izquierdo.

- Además, si Sofía no es capaz de autoexplorarse y encuentra que la zona vaginal no merece tal atención, menos lo vas a sentir tú.
 Un quejido leve, que Milos no percibe, se escapa de la dilatada boca de Miel.
- Miel, las mujeres conocen desde siempre el poder de la vagina. Reinos enteros han caído por una vagina, así que no me vengas con la cantinela de la discriminación. Si no pregúntaselo a Troya. Y no sigas parloteando como feminista. 

- ¿Cuántos hombres conocen realmente sus genitales?


- ¡Epa!¿Qué te pasa?
Milos ha abierto los ojos y ve a Miel sonriendo con su lengua en forma de cuchara y  lamiendo su labio superior con una mirada de intenso brillo que le arremete desde sus cejas depiladas en arco. Frente a su rostro ella ha espetado su dedo anular de cortas uñas y se lo ha mecido de un lado a otro.  Hipnotizado por ese movimiento pendular con la mirada de fulgor profundo Milos sólo percibe ese olor suave, cálido, dulce, tenuemente ácido y que se impregna reconocible y zumbón a la humedad receptiva de sus narices viciadas. Miró a los ojos turbios que sonreían semidormidos esperándolo y supo al fin,  que no existe el número del alma de una mujer,  porque su alma es un perfume.

- Milos:   si   vas   a   reaccionar   así  al   olor   de   cada  miel,  te  recomiendo   que   no   te   cases.

. . .Y eso fue lo último inteligible que se alcanzó a escuchar en ese consultorio de la terapeutista.

BONUS TRACK:
Fernanda: Si tanto te gusta la miel; come miel de palma y ulmo
Sofía: No dejes de consumir la miel y deja el romanticismo a un lado.
Rosario: Cambia de perfume. A ti te va lo cítrico.
Gloria: En ti,  el olor a mieles se fue muy pronto. Ya sé que ahora usás Lavanda.
Matilde: Te quedarán suculentos los primores pero no llegarán los abejorros...
Milos: Boxea. Que te den trompadas y cuando sangres, inhala sal en un lavatorio caliente. Así se cauterizan las narices. (Es el secreto de la fidelidad)
Miel: Deja de flamear esos aromas en estas páginas frente a tus pacientes narigones, sobre todo si no se le das a probar de tu melaza.

Y espero que mis lectoras se descongestionen con rapé, a lo mejor hieden a miel y no lo saben.

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